A los que se van.
Gracias por haber sido quien fuiste. Gracias por tu amor y dedicación. Mis ojos lloran tu ausencia, aunque sé que tu presencia sigue siempre en mi corazón.
Tantos momentos compartidos, con la magia de saber estar, dan dulzura a este momento que ya no podemos disfrutar.
Pero queda en mí tu legado: lo más valioso, amar. Y aunque no estés a mi lado, nunca te voy a olvidar.
Sigue en paz tu camino, el que el universo te da. Y aunque ahora nos haya separado, quién sabe si algún día nos volvamos a encontrar.
Aquí seguiré con la gran tarea que tanto me ayudaste a afrontar. Siguiendo tu ejemplo y amando, quizá lo podamos lograr.
Que el Gran Espíritu te guíe y la gloria te acompañe. Tu esfuerzo no fue en vano, pues en mí encuentra su eco y te siento aún más cercano.