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Amor, verdad y belleza.

Inmerso estoy en la pureza. Mi cuerpo desnudo percibe, con todo su esplendor, los elementos que me rodean. Se expresan con fuerza, belleza, armonía. Así se expande la existencia.

Aire cristalino, te siento en mi piel, te respiro y me vivificas. Mueves las aguas, haces danzar árboles y pastos. Das un espacio protegido a todo el planeta. En tu pureza hoy me permites ver la mismísima línea del horizonte, dibujada a la perfección por el agua del mar. Lámina inmensa de matices de azul, brillos parpadeantes. Llegas a mis pies y, con un susurro, me acaricias burbujeante y besas con tu frescor.

La tierra es el testigo. Su poderoso soporte lo hace todo posible; se siente compacta, caliente. Siempre dispuesta a sostenerlo todo: aquí, humilde, casi oculta; allí, poderosa, alzándose al cielo, formando barreras inexpugnables, con mil texturas y colores.

El fuego está en lo alto. Su luz y calidez son arrebatadoras. Se desplaza suavemente, dosificando su poderoso influjo. A su paso se activa la vida: evapora las aguas, genera los vientos. Con su luz todo lo nutre, infundiendo fuerza y alegría.

El milagro ocurre: cada instante, cada día. Un manto verde intenso cubre valles y montañas. Se nutre de la tierra, gracias al agua, para que en el aire se transmute por la luz. Toda una majestuosa sinfonía de equilibrio, de armonía. Está sucediendo ahora. Está sucediendo siempre. Ya no quiero ignorarlo más.

Tanta grandeza y entrega despierta una profunda admiración. Mi presencia aquí es resultado de esta magia y conjunción. Lo puedo atestiguar. Toda belleza es resultado de la combinación en equilibrio de todos los elementos. Coherencia y propósito manifiestos. Sin duda alguna, está muy claro: es la expresión del amor, causa y resultado en este juego. El amor de la existencia por la vida, de la vida por la belleza, la belleza por la verdad. Que está en mi aprecio y agradecimiento por toda esta maravilla.

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