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Crehacer

La actitud adecuada para la práctica del crehacer es la del juego. Explorar y jugar nos permite vivir la experiencia aventurera que nos abre y mantiene lejos los temores y las prevenciones. Se trata de ir más allá sin asumir riesgos innecesarios, pero con la valentía de superarnos y de descubrir, dentro y fuera de nosotros, cosas que permanecen ocultas para quien no se propone acceder a ellas de forma consciente.

“Crehacer” hace referencia a crear y hacer creativamente, lo que implica crecer, todo en una sola palabra. No es una acción basada en la repetición de lo que ya conocemos, sino, al contrario, en sacar a la luz facetas que, por mantenernos en una rutina pertinaz, nunca salen a la superficie. Crehacer es afrontar la tarea con una nueva visión, basada en que la existencia es un misterio, donde las posibilidades son infinitas y donde el punto crucial es cómo percibimos el mundo. Si solamente nos basamos en lo que nos han enseñado —como tenemos el hábito, e incluso el deber, de hacer habitualmente—, nos mantenemos en el mismo patrón de acción-reacción-interpretación que nos mantiene como somos habitualmente, confirmando una y otra vez nuestra visión del mundo, que consideramos real y definitiva.

Por el contrario, las prácticas que proponemos pretenden ser el medio por el cual modifiquemos nuestro funcionamiento y nuestra percepción interna. Al vernos y vivirnos de otras maneras, mediante la experiencia, nos abrimos a transformaciones internas que permiten acceder a un mundo nuevo. Una nueva visión adoptada, esta vez, desde la propia experiencia consciente y que amplifica la que teníamos. No es heredada sin cuestionamientos ni fruto de vivencias ajenas.

Librémonos de los temores y prejuicios que nos mantienen anclados donde estamos. Exploremos y saquemos partido a todas nuestras posibilidades. No es necesario que los demás compartan nuestras visiones, ya que la experiencia vital es un acto personal. A veces la podemos compartir con otros; otras, es solo nuestra. Sería un desastre desechar un tesoro solo porque otros no lo ven o no lo valoran como nosotros. Cualquier incremento en nuestra vivencia del sentir, del ver, del pensar… es un regalo y una aportación a la experiencia humana.

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