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Enciende tu luz

Están pasando cosas horribles en el mundo y no sé qué hacer. Me pongo triste. No sé cómo ayudar. No quiero hacer la vista gorda y, tal vez, me siento culpable por estar bien cuando otros están muy mal. ¿Cuál es el enfoque apropiado? Cuando te vas a dormir, apagas todas las luces, pero enciendes la de tu cuarto. Ya no estás en la cocina. Ya no estás en el patio con los perros. Estás en tu habitación, donde te corresponde estar en ese momento. Y ahí enciendes la luz para no estar a oscuras. Así es en el mundo. Hay guerra, pero tú no estás allí. Y, en el lugar donde estás, enciende tu luz. Si tienes para compartir, comparte. Si tienes algo valioso que aportar al mundo, hazlo. Si eres sabio y sabes dar consejos, dalos. Si eres bello y hay muchas cosas feas allá afuera, sé más bello. Sé parte de la belleza de la vida. Allí donde te encuentres, resuelve, limpia, ama, enciende tu luz. En la Tierra hay desiertos y hay mares. Si te tocó ser parte del agua, ¿por qué te aflige el desierto? Si te tocó ser desierto, ¿por qué te afligen las aguas? Cada quien está donde le corresponde. Llámalo karma, destino o propósito. Nada de ello impide reconocer el dolor ni actuar con compasión. Pero no podemos cargar solos con todo el sufrimiento del mundo. Si no estás allí, quizás no te corresponde estar allí. Pero sí puedes hacer algo desde el lugar que ocupas. En la guerra no todos mueren. Y donde no hay guerra, la gente también muere. Muere quien tiene que morir; vive quien tiene que vivir. ¿Por qué sentirse culpable? ¿Acaso tú decides quién vive o quién muere? ¿Cuál es tu responsabilidad? Cumple con lo tuyo, con aquello para lo que has venido y desde el lugar en el que estás. ¡Prende tu luz! Sé parte de la luz, no del problema. El mundo, cuando está a oscuras, necesita más luces encendidas.

"Credito a quien corresponda"

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