La manifestación.
Me has dado de tu cuerpo y de tu fuerza. Me has dado de tu luz y de tu comprensión. Has puesto en mí de tu consciencia para que perciba y finalmente lo sepa.
Todo viene de ti. Todo está en ti. Todo va a ti. Así, cuando digo: “Yo soy”, eres tú quien eres. “Yo tengo”, eres tú quien tiene. “Yo quiero”, eres tú quien quiere. “Yo sé”, eres tú quien sabe.
Quedo, pues, disponible para alinearme a tu gran obra. Ya nada queda que sea de mí, pues sería subproducto lejos de tu perfección. Libero de este “mí” que es ti lo que no está acorde a tu propósito, a tu visión. Que mi mente sea solo tu mente. Que mi palabra sea solo tu palabra. Que mis actos sean solo tus actos, sin error, sin desvíos, sin sufrimiento, sin apegos.
Recorrer los caminos en regocijo, a cada instante, de este inmenso regalo: la existencia. Gracias. Gracias. Gracias.