La muerte: el final necesario
Imprescindible para que pueda acontecer un nuevo principio.
Vivimos muchas pequeñas muertes, todas ellas valiosas. Solo nuestro apego frena el tranquilo devenir de la vida y la muerte.
Al morir la infancia, nacemos a la adolescencia; y la muerte de esta da paso a la adultez.
Cuando llega la comprensión, muere la ignorancia.
La muerte de una relación permite el nacimiento de otra. Un proyecto terminado deja espacio para nuevos proyectos. Todo tiene un principio y un final: el día y la noche se suceden.
De esta manera, cuando algo acaba, ¡alegrémonos!, porque en cualquier momento nacerá algo nuevo.
Los ciclos complementarios se suceden.
La muerte y la vida no se contraponen, sino que se complementan. Quien lo ve así no teme ni a una ni a otra: vive ambas en plenitud y profundidad.