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La práctica.

Es importante limpiar, afinar el instrumento, para que suene armónico. Que se puedan interpretar dulces melodías o ritmos trepidantes.

Poner la intención en buscar el espíritu en nuestro ser, sintonizarse con él mediante una práctica escogida por afinidad a uno mismo. Podremos profundizar, explorar, mantener nuestro cuerpo activo y despierto, nuestra mente lúcida y empoderada, nuestras emociones fluidas y energéticas.

Tener un punto de confluencia donde nos dedicamos a explorarnos, cargarnos y activarnos, serenarnos y despertar, afinando y limpiando nuestra conexión con el espíritu.

Cada día, un tiempo de recarga y reconexión para estar con nosotros, abrir nuevos espacios en nuestro interior. Lejos de ser una rutina, que sea como quien sale a una playa vacía en un día luminoso, disfrutando la naturaleza que nos da su equilibrio, con sus elementos: tierra es la arena, agua es el mar, aire es el cielo, fuego es el sol.

En armonía, un solo espacio: nosotros en él, danzando, reposando, creciendo, limpiando, renovando.

De esta manera, no nos perdemos, mantenemos un centro y afrontamos el mundo con las mejores energías.

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