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Las verdades

Se dice que todo está hecho de partículas minúsculas y que el universo es infinito. Hay quien estudia el microcosmos y quien lo hace en el macrocosmos. Nos mantenemos suspendidos entre unos conocimientos y otros, y los observamos separados. Quizás ver solo la parte nos mantiene hipnotizados y no vemos la unidad del todo. Todas las cosas son simplemente cosas. Las etiquetas y las ideas sobre cómo interactúan solo son distracciones que nos apartan de la totalidad que es. Si nos perdemos en las ideas, si creemos o dejamos de creer que las cosas son grandes o pequeñas; si tienen o no una causa o propósito; si son conscientes o no de por qué se juntan o se dispersan; si el universo está vivo y es la obra de un ser superior, o si solo es un mecanismo inconsciente y automático, sin sentido ni finalidad... Nos mantenemos bailando esas músicas y, quizás, defendiendo a ultranza aquello que hemos decidido creer. Podemos ir más allá y dejar de lado ese juego. Ninguna de esas especulaciones tiene una solución verificable. Carecen, desde donde las miramos, de una coherencia indiscutible. La verdad es inaprensible desde la razón. Dicho de otra manera: siempre se puede entrar en razonamientos que nos pueden llevar a cualquier parte. Es un auténtico laberinto mental. Hay otro camino: mirar más allá y traspasar el velo de las apariencias. Quizás encontremos una verdad profunda, silenciosa e integradora que nos muestre la unidad de todo. Al aceptarla plenamente, desaparecerá el desconcierto. Será tu experiencia y tu apreciación. Aunque no podrás demostrarla con argumentos irrebatibles, será ya parte de ti para siempre.

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