Mi mundo, tu mundo
Cada cual vive en su mundo. Lo que para uno es sagrado, para otro es una tontería. Lo que para mí es una verdad, para otro es mentira. Muchos se sienten inseguros en su mundo y buscan en los demás su certeza. «¡No puede ser que todo el mundo esté equivocado! Si todos dicen que es así, así será». Hay quienes usan este rasgo para manipular y someter, con sus dogmas científicos o religiosos. Las certezas y comprensiones compartidas forman tribus, modas, partidos, culturas, civilizaciones. Tenemos la posibilidad de tomar conciencia de que nuestra comprensión es personal y respetable, como la de todos los demás. En ningún caso las verdades son absolutas, pues dependen del grado de conciencia, de nuestro paradigma personal. Además, este también es cambiante. Mi mundo no es el mismo hoy que el que tenía ayer o hace [X] años. Lo mejor de tanta subjetividad es que nos da libertad, permite el crecimiento, la creatividad y nos enseña desapego. Lo que veo desde aquí depende de dónde me encuentro. Sobran los dogmas, pues limitan el conocimiento. Sobra la credulidad fácil, pues te expone a la manipulación. En mi mundo hay un centro. Es uno con la existencia. Es donde pongo lo que hay, y ello me guía, me indica un camino. Recorriéndolo, descubro, exploro y creo. Si hay que cambiar algo en mi comprensión, se cambia. Si tengo que ir contra corriente del pensamiento imperante, mantendré mi visión. No es lícito traicionarme a mí mismo. La verdad depende del punto de vista, y este, como el de todos, es único. Así que, en mi caminar, iré actualizando mi entendimiento desde donde me encuentre, para seguir avanzando, creciendo, descubriendo y amando sin límites.