Para, amigo mío.
Para, amigo mío, para por un momento; seguro no será un tormento. Respira, enfoca la atención para sentir qué es todo esto, más allá de palabras, emociones y pensamientos.
Aquíétate, silénciate, explora el no hacer. Verás, es un placer.
Puede ser tan profunda la sensación que sea como caer de un avión. ¡Genial! Es el camino que te acerca al mejor fin.
Una suave brisa, un rumor de fondo, el cuerpo respira. Aquí está, es lo que hay. Fuera del tiempo, abre el espacio.
Un pensamiento que pasa me resulta indiferente; no es lo que ahora interesa: pensar como piensa la gente.
Es la dimensión de la quietud, que quizás habías perdido. Origen, esencia y sostén de todo lo que acabamos haciendo.
Si te gusta la paz que sientes, vuelve a menudo y disfrutarás: cuanto más cerca la tengas, más reconfortado estarás. Nada más saludable que parar para comprender y escuchar. No tenemos la cabeza para agitarnos, sino más bien para recrearnos. No tenemos el corazón para sufrir, sino más bien para disfrutar.
Haz del silencio y la quietud tu refugio, y te harás más sabio que Confucio.