Resiliencia en tiempos locos
¿Cómo podemos salir reforzados de todo esto? Lo que crees saber conforma el sustrato sobre el que interpretas lo que sucede. Presta atención a lo que crees y a quién das credibilidad. Busca tu verdad.
El miedo, la ansiedad, la depresión y el aislamiento no deberían mantenerse durante mucho tiempo, porque pueden perjudicarte.
Confiar en uno mismo y en la vida constituye la base de una vida sana. No confíes ciegamente en organizaciones, sistemas, Estados, políticos, científicos, religiones, profesionales o empresas. Cada uno de ellos vela, en primer lugar, por sus propios intereses y su supervivencia, no necesariamente por los tuyos. Incluso cuando actúan con la mejor de las intenciones, pueden equivocarse.
Eso no significa que no puedas recurrir puntualmente a cualquiera de ellos, pero no cedas nunca tu capacidad de decisión a sus dictados. Las consecuencias las sufrirás tú y los tuyos, así que escoge sabiamente.
Tu verdad y tu visión son tuyas. No son mejores ni peores que las de los demás; simplemente son las que has escogido, por el momento. Hay que respetar escrupulosamente todas las visiones. Eso no impide contrastar, comentar, explicar, argumentar y compartir, así como disentir.
Crea una separación clara entre lo que vives realmente —lo que tienes delante— y aquello que pertenece al ámbito mental y emocional, que escoges consciente o inconscientemente.
Pregúntate: ¿En qué me beneficia esto?
Si sufres por una enfermedad que no tienes.
Si temes por la pérdida de libertades que todavía no se ha producido.
Si permites que ciertas informaciones alteren tu paz interior.
Si aceptas que supuestos peligros condicionen tu libertad.
Si sigues la opinión mayoritaria únicamente porque es mayoritaria.
Si aceptas la pérdida de derechos y libertades sin sentido crítico.
Si crees que tu salud depende exclusivamente del sistema médico.
Entonces estás en problemas, pero solo porque has cedido tu vivencia interior a agentes externos.
Es bueno saber distinguir entre información y propaganda. Si te crees la propaganda, pierdes parte de tu capacidad de discernimiento.
Tu salud y tu bienestar dependen, en buena medida, de tu estado mental y emocional. No permitas que nadie —y mucho menos la propaganda— te desequilibre.
Cuanto más crítica es una situación, mayor puede ser la oportunidad de crecer y empoderarse.