Sobre la lentitud
Corremos tanto que pasamos muy superficialmente por nuestros momentos. La lentitud no es una rebeldía contra el tiempo, sino una forma de profundizar en él. Cuando camino despacio, descubro cosas que la prisa me había robado: el sonido de mis propios pasos, el cambio de luz en una esquina, la manera en que una frase se asienta en la mente si le dedicamos unos segundos más.
Escribir también es una práctica de lentitud. No se trata de producir, sino de escuchar. De dejar que las palabras lleguen a su tiempo, aunque ese tiempo sea el de una tarde entera para una sola oración.
Hoy elijo caminar más despacio. No porque quiera acabar antes, sino porque he aprendido que algunas cosas solo se ven cuando nos serenamos y vamos tranquilos.