Solo sale de ti aquello que llevas dentro.
Vemos la evidencia: no podemos dar aquello que no tenemos. Queremos mostrar nuestro brillo, pero no nos gusta ocuparnos de la limpieza.
¿Cómo podemos ver la tarea que tenemos pendiente?
Somos un recipiente en el que entran y salen cosas sin fin. Pon un vigilante en tu espacio. ¡Qué difícil es velar para que no entren cosas indeseables! Es casi imposible. Pero mantenerlas dentro ya no tiene excusa.
Hay que estar muy atentos y no bajar nunca la guardia.
Si aquello que quiere entrar resuena dentro, actúa la ley de la armonía y, en un instante, se hacen uno ante nuestra propia mirada.
Así funciona con todas las cosas, sean de nuestro agrado o no.
Cuánta sabiduría hace falta para guardar solo aquello imprescindible, ya sean pensamientos o emociones.
La simplicidad ahorra energía y hace la vida más fácil.
Así, dejamos fuera emociones negativas, ansiedades, miedos, pensamientos compulsivos, preocupaciones y tantas otras cosas.
Cuando interactuamos con la vida, siempre saldrá de nosotros aquello que tenemos guardado.
Todo lo que decimos, hacemos, decidimos, transmitimos o mostramos son, siempre, nuestros contenidos internos.
Qué gran tarea es tener calidad en todo ello.
Cada uno encuentra su propio arte para hacer una buena limpieza. No existe ninguna fórmula mágica.
Es cuando algo sale a la luz cuando llega el momento de actuar.
Mis herramientas han sido la observación, la desidentificación y soltar.
Para terminar con un:
Lo siento, perdóname, te amo, gracias.