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Vivir realmente.

Sí, vivo mi verdad porque estoy aquí, en este ahora, plenamente, sin miedo.

Hay un silencio, un vacío profundo, una potencialidad.

Escucho, percibo. Aquí todo es posible.

Evito el parloteo mental, la huida de lo que es: este momento; el juicio fácil, la emoción temerosa, la repetición compulsiva.

El análisis superficial me puede dar la sensación de saber, pero solo me aparta de conocer.

Hay que detener esta locura, vaciarse por completo, serenarse y escuchar, percibir, profundizar con todo el cuerpo, con todos los sentidos en sincronía.

Ir más allá y, desde ese punto, desde esa higiene mental y emocional, entrar en la confianza primordial.

¡Sabes que estás en casa!

¿Qué sostiene al planeta en el cosmos? El vacío.

Fuerzas invisibles y poderosas lo mantienen relacionado con otros planetas y astros, en perfecta armonía y sincronicidad, permitiendo a cada cual ser él mismo y relacionarse con los demás.

Esas mismas fuerzas nos sostienen, nos impulsan y nos vinculan a nuestros semejantes.

Nada ni nadie escapa al Todo: desde las galaxias hasta los átomos, en el escenario de la nada.

No puedo concebir nada más sublime y grandioso.

De ahí que, al serenarme, comprenda y ame sin más.

El Todo me sostiene y me impulsa. Me siento seguro y tranquilo: allí donde esté, estoy en casa, siendo quien soy en esencia.

Quizá se pueda decir: pura consciencia.

Por la magia del vacío se hace posible la creación, porque estoy aquí, en este eterno ahora, y puedo llegar a ser y a vivir realmente.

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