Manual del hombre nuevo (Anónimo)
33. Después del comienzo
Esta nueva acción total no va contigo, con esa parte tuya construida con información y opiniones. Buscas entonces alguna actividad fragmentaria para recomenzar el círculo del absurdo, de la nada oscura que te llama con inquietud y nostalgia desde tu propio ser. Pero estás solemnemente despierto y ves la imposibilidad de retornar desde el todo a la parte. Te hallas en un infierno de paz. Ocultar una pena, sepultar un dolor con el sexo, con la acción social, con la bebida, con la llamada “religión”, con la llamada
“política”, con cualquiera de las innumerables palas que usamos, es semejante a enterrar una semilla que inevitablemente estallará en cientos de raíces ocultas de nuevos dolores, de nuevas penas. Enfrenta el dolor, no lo respetes, que muera ahora cuando surge, porque con la primer palada de distracción o consuelo, no haces sino enriquecer su fertilidad. Destroza las semillas del dolor abordando la pena ahora mismo, con las armas más difíciles de forjar:
la quietud y el silencio.
Tienes que enfrentar la esencia de tu problema. Aprender a arder con tu propia tranquilidad, a quemarte a cada segundo en el sagrado arte y la difícil ciencia de tu propio silencio, y aprender la inagotable lección de tu silencio.