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Caminando alegremente por la Tierra

Introducción

Sólo llegar a este mundo, el impulso de la vida en nosotros nos llevó a contemplar, apreciar y a querer incorporarnos cuanto antes a la vivencia de las experiencias atrayentes que se nos presentaron delante.

Sólo con contemplar cualquier niño pequeño podremos ver su entrega, interés, alegría y pasión con todas las cosas que le rodean.

Este impulso instintivo arrollador nos llevó a emprender tareas extremadamente complejas para nosotros en aquel momento como caminar, sentarnos, correr, comer, hablar\... más adelante a leer y escribir, a relacionarnos, a respetar a nuestros compañeros, matemáticas, física, historia y un sinfín de cosas.

Por nuestra cuenta también hemos tenido que aprender muchas otras cosas, que no nos ha enseñado nadie, por lo que han quedado sin indicación o guía clara de cómo manejarse con ellas; cómo vivir el amor, las relaciones sexuales, cómo tratar nuestra mente con su río de pensamientos, las emociones, los sueños, los sentimientos, los instintos, el deseo, las adicciones, etc.

Como quiera que todas estas cosas, y muchas otras, cada día forman parte de nosotros y de nuestras vivencias, cada cual se ha arreglado como ha podido, con mayor o menor éxito.

Éxito que según mi criterio no se mide por las posesiones conseguidas, ni por la fama o la admiración que despertemos en otros, sino por nuestra capacidad de estar bien con nosotros mismos, de tener salud, de ser felices, viviendo en paz, sea cual sea nuestra situación de vida, ya que siempre es cambiante.

Un bienestar que de alguna manera es como un regalo para nosotros mismos y para quien nos rodea. Se trata de aprovechar, cada cual a su manera, las maravillosas posibilidades que tenemos como humanos, en este increíble planeta.

Resulta sorprendente como la tendencia general con los años es vivir más en un estado de preocupación y sufrimiento, numerosas veces con pérdida de salud, que no con alegría y bienestar en la mayor parte de los momentos.

Parece más lógico que con los conocimientos y experiencia adquiridos a lo largo del tiempo tendríamos que saber apreciar más la vida, y disfrutarla con mayor plenitud. Cuando no es así, queda claro que algo falla en nuestra manera de jugar nuestras cartas.

Es un buen ejercicio mirar una foto nuestra que tengamos de cuando teníamos 5, 6 ó 7 años. Observa la luz en tu mirada y la actitud personal en aquel momento. Nuestro Ser estaba vivo, despierto, con actitud expectante ante la vida. Si en la actualidad no vemos en nosotros una actitud similar o aún mejor es que estamos haciendo alguna cosa mal. Eso puede cambiar. Podemos recuperar y aún superar ampliamente aquellos momentos maravillosos y ahora con mayores posibilidades.

Aquí expongo con simplicidad, y fruto de mi propia investigación y experiencia, algunos de estos aspectos con demasiada frecuencia misteriosamente olvidados por la familia y la sociedad.