← Índice del libro

Caminando alegremente por la Tierra

La Mente

La mente se considera un "fenómeno emergente". Lo que quiere decir que es fruto de la interacción de diferentes elementos presentes tanto en el cerebro como en el cuerpo, en el entorno, incluso en el Ser interno, este último aspecto mayoritariamente no aceptado por la ciencia actual.

Entre sus innumerables capacidades encontramos el entendimiento, el raciocinio, la memoria, el aprendizaje, la emoción, la imaginación y muchas otras.

Todo ello se nutre de nuestra percepción. De esta manera, aquello que nos permita ampliar nuestra percepción y hacerla más consciente y serena dará un mayor caudal a nuestras capacidades. Como ya he comentado tenemos una marcada tendencia a percibir a través del filtro del intelecto. Esto limita enormemente y reduce la mayor parte del caudal disponible.

Para visualizarlo más gráficamente podríamos decir que nuestro intelecto trabaja viendo el 0, 1, 2, 3, 4, 5... sin llegar muy lejos porque en cifras muy altas ya no da de sí (recordemos que la secuencia es infinita). Esto nos permite manejarnos fácilmente. Con esfuerzo podemos alcanzar a ver el 0'1, 0'2, 0'3, incluso 0'11, 0'12, 0'13... cuantos más decimales ponemos más difícil es de captar intelectualmente. Resulta que simplemente entre cada uno de los números existentes hay un número infinito de decimales posibles. Con ello quiero mostrar que verlo todo intelectualmente tiene unos límites muy marcados que nos cierran puertas a una percepción ampliada. La existencia está llena de posibilidades y sutilezas que hace el mundo muchísimo más grande, incluso infinito.

Veamos en este otro ejemplo como el intelecto puede mostrarnos cosas que se contradicen con nuestra experiencia directa, pero que se basan en la lógica aparente.

La paradoja de Zenón que plantea una carrera entre Aquiles y la tortuga:

Resulta que Aquiles dio una ventaja de medio camino a la tortuga. Iniciaron la carrera y Aquiles llegó rápidamente al punto de salida de la tortuga, pero naturalmente ésta ya no estaba allí sino algo más adelante. Cuando Aquiles llegó a ese segundo lugar la tortuga ya estaba un poco más adelante. Aquiles se dirigió a este tercer lugar, pero una vez más la tortuga ya estaba un poco más adelante. De tal manera que aunque cada vez se acercaba más a la tortuga nunca llegaba a alcanzarla.

Con cuánta facilidad el raciocinio puede mostrarnos cosas que no son reales, y cuantas cosas reales no encuentran explicación en la razón o mente lógica.

Haciendo uso de algunas de nuestras habilidades, y con el fin de aumentar nuestras capacidades, confort o una supuesta "calidad de vida", los humanos (principalmente las culturas occidentales) nos hemos dedicado a inventar herramientas tecnológicas. Es como si, poco a poco, el ordenador, el teléfono o el GPS constituyeran una extensión de nuestro cerebro. La tendencia que se crea con todo ello es hacernos cada vez más dependientes de estos ingenios. Utilizaremos menos nuestras propias capacidades de orientación, cálculos matemáticos, memoria... La ampliación de nuestras capacidades la buscamos "fuera", en detrimento de las que se encuentran "dentro". Nuestro propio cerebro posee unas facultades inimaginables y, en lugar de despertarlas, nos estamos dedicando a dormirlas.

Mientras los humanos nos hemos centrado en diseñar radares cada vez más potentes, los delfines han evolucionado y en su cerebro han creado un escáner más potente que cualquiera de nuestras invenciones. Nos hemos concentrado en "tener" y hemos descuidado el "ser". Hemos mirado hacia "fuera", en lugar de hacia "dentro", olvidando que nosotros también tenemos radar interno.

Las investigaciones de Beatrice de Gelder, neurocientífica de la Universidad de Tilburg, muestran como personas con ceguera cortical son capaces de sortear objetos al andar, aunque no los vean, porque nuestras neuronas saben funcionar como un auténtico radar. Sin embargo, la mayoría de nuestras inversiones económicas en investigación no se dirigen a aumentar esa capacidad, sino a inventar ayudas externas. Igual que se dirigen a diseñar medicamentos para eliminar los síntomas de las enfermedades y se presta muy poca atención a la capacidad que tenemos de sanarnos a nosotros mismos. Esto es, a la capacidad que posee nuestro cuerpo-mente para recuperar la salud y bienestar perdidos.

¿Cómo podemos, entonces, adiestrar nuestra mente para que siempre actúe a nuestro favor y podamos dirigirla conscientemente? ¿Es realmente posible?

Comencemos por ver de dónde surgen los pensamientos y a continuación iremos desgranando las posibilidades a nuestro alcance.

Aunque los pensamientos suceden exclusivamente en el presente, ya que es el único tiempo que realmente existe, la mayoría de ellos tienen su origen en el pasado (lado izquierdo del cerebro), en otros casos pertenecen al presente (lado derecho), y con menor frecuencia provienen del futuro (¿ambos lados combinados?, ¿otros orígenes?):

- Los pensamientos mayoritariamente provienen de nuestro pasado; educación, cosas que nos han dicho, que hemos visto por algún medio de comunicación, películas, leído de algún libro. Todo ello nos deja una impronta que puede generar ecos o patrones.

Experiencias familiares repetitivas: \"Eres un gandul\", \"Qué listo es mi niño\"\... Lamentablemente llegamos a creerlos y a identificarnos con ellos lo que produjo que se nos \"engancharan\". Convirtiéndolos así en una parte de nosotros.

- También pueden provenir del presente, de nuestra percepción del momento, de alguien con quien sintonizamos, algún comentario que se nos dice, un conocido o amigo que piensa en nosotros, de nuestro Ser interno, que nos indica algo, o del "campo mórfico" que conecta a todos los humanos.

- Otro posible origen puede ser del futuro, podríamos llamarlo premonición, es cuando recibimos un pensamiento - mensaje de algo que puede suceder si no cambiamos algún factor.

No es fácil para la mayoría de nosotros identificar el origen de un pensamiento, pues requiere de gran consciencia del momento presente, aun así, si ponemos atención y seguimos su rastro podemos llegar a descubrir su origen.

En cualquier caso, podríamos llegar a enumerar los pensamientos que tenemos. Se cuentan por miles, y se repiten en nuestra mente sin solución de continuidad. Como en un carrusel que gira y gira. Normalmente no nos los replanteamos, sino que los damos por ciertos, simplemente porque los pensamos y se repiten una y otra vez, por su propia inercia, remachándonos todo tipo de creencias, la mayor parte de ellas erróneas y parciales.

En su mayoría, las personas que nos han acompañado toda nuestra vida, no han sabido depurar debidamente sus contenidos mentales. Por lo que hemos recibido una ingente cantidad de información falsa, errónea y obsoleta, que frecuentemente sólo responde a sus experiencias o necesidades inconscientes y egocéntricas.

Los medios de comunicación, cines, etc. tampoco han sido una buena fuente ya que responden a intereses más que oscuros. Inculcándonos actitudes, deseos y pensamientos muy deficientes y contrarios para el bienestar de nuestro Ser. Mayoritariamente sólo tienen por objetivo el negocio a través del divertimento de las masas.

Aquí realmente hay un abuso que creo delictivo por parte de publicistas, cineastas y de informativos. Transmiten unos valores muy lejanos a nuestros intereses de bienestar y crecimiento.

Los centros educativos, por regla general, pecan de parciales y se han basado mayoritariamente en la memorización de información, mucha de ella inútil, en sus enseñanzas, sin ninguna guía para saber manejarnos con nuestras emociones y pensamientos. Sólo nos dan datos para nuestra mente racional, que poco o nada tienen que ver con la vida real del momento a momento de los jóvenes.

En la actualidad el flujo de información crece a una velocidad espectacular, estimulado entre otros por las redes sociales y el intercambio masivo. Con todo ello se requiere más la habilidad de saber navegar en este mar de datos que no acumularlos en nuestra mente donde quizás pronto ya sean obsoletos.

Todo ello, si no se administra adecuadamente, perpetúa nuestra situación de falta de control. Como nos hemos empapado de todo tipo de pensamientos y emociones sin un sentido crítico que nos mantuviera a salvo, nuestra situación es tal que estamos permanentemente expuestos a que cualquier circunstancia dé al traste con nuestro bienestar, produciéndonos constantes desequilibrios. Se nos bombardea con sucesos de cualquier parte del mundo y ¡qué casualidad!, casi nunca son buenos. Somos extremadamente sensibles a los comentarios, actitudes, ideas y ocurrencias de nuestros semejantes. Sobre todo de los más cercanos. Lo que provoca que si chocan sus pensamientos con los nuestros la reacción emocional resultante es muy explosiva y desestabilizante. Entramos entonces en una lucha de argumentos que fácilmente degeneran a discusión. Si alguien no pone freno a tales desatinos, se puede llegar muy lejos con resultados nada deseables y un desgaste energético mayúsculo.

Hemos acumulado mucho, sin ningún criterio de discriminación adecuado, lo cual nos limita y representa una gran carga para nuestro Ser. Este mismo momento es perfecto para comenzar a ordenar y limpiar nuestra casa interna.

Nos movemos en un océano de información. Nuestra mente capta a cada instante volúmenes ingentes de datos a través de todos sus sentidos. Esa información, para poder ser operativa y útil, debe ser ordenada y esquematizada. Y a eso se dedica nuestra lógica. Y esa misma lógica que nos ayuda, si permitimos que domine el sistema, al mismo tiempo nos bloquea. Nos impide ir a la percepción ampliada del lado derecho, nos impide percibir la existencia de forma más profunda, y total. Ser más creativos.

De alguna forma hemos de aprender a no apoyarnos tanto en nuestro hemisferio izquierdo-lógico. Acallar ese parloteo constante de este hemisferio lingüístico, que nos dice cuánta razón tenemos y lo poco que nos comprenden los demás. Esto nos mantiene en un estado emocional de supervivencia que genera un desgaste continuo debido al estrés.

Es esencial aprender a silenciar la mente. ¿Vamos a permitir que nuestro sabio interior continúe dormido o vamos a despertarlo?

Por otro lado nuestro cuerpo también tiene su propia mente. Cada día se reconoce más que hay una inteligencia en él a nuestra entera disposición. Nos transmite continuamente sensaciones-emociones. Como cuando se nos pone la "piel de gallina" y no es por el frío. Dispone de un bagaje de muchos miles de años transmitidos de generación en generación. ¡Escuchémosle! Nos indica cosas a cada momento, no podemos seguir viviendo ignorándolo porque las consecuencias son nefastas.

Disponemos además de recursos insospechados, como nos muestra Rupert Sheldrake. Bioquímico británico que postuló la hipótesis más revolucionaria de la biología contemporánea: la del Campo Mórfico.

Las mentes de todos los individuos de una especie -incluido el hombre- se encuentran unidas y formando parte de un mismo campo mental planetario. Ese campo mental afecta al conjunto de los individuos y las mentes de éstos también pueden afectar al campo mórfico.

"Cada especie animal, vegetal o mineral posee una memoria colectiva a la que contribuyen todos los miembros de la especie y a la cual conforman", afirma Sheldrake. De este modo si un individuo de una especie animal aprende una nueva habilidad, les será más fácil aprenderla a todos los individuos de dicha especie, porque la habilidad "resuena" en cada uno, sin importar la distancia a la que se encuentre. Y cuantos más individuos la aprendan, tanto más fácil y rápido les resultará al resto.

La teoría de Sheldrake sostiene que la mente no es tan sólo la actividad del cerebro, sino que éste es el sustento físico a través del cual se puede manifestar la "MENTE".

La [transmisión intergeneracional ](http://planocreativo.wordpress.com/2008/11/11/problemas-en-la-transmision/)ocurriría pues en este campo mórfico, pues hay una memoria común compartida por todos los miembros del clan, hayan o no convivido en las mismas coordenadas espacio-temporales.

En este caso, estar serenos y abiertos nos permite una mejor conexión con este campo mórfico que puede facilitarnos mucho el acceder a estados superiores de consciencia, así como a estar "inspirados" en aspectos que en un principio no conocemos profundamente.

Esta misma teoría da también explicación al origen que determina la formación de galaxias, átomos, cristales, moléculas, plantas, animales, células, sociedades. Abarca todas las cosas que tienen formas, patrones o estructuras o propiedades auto-organizativas.

Todas estas cosas se auto-organizan. Un átomo no tiene que ser creado por algún agente externo, se organiza por sí mismo. Como una molécula o un cristal de cuarzo, que se forman espontáneamente atendiendo al patrón del que forma parte.

Nuestras capacidades de percepción van mucho más allá de lo que podamos imaginar. Para explicar nuestra conexión con el mundo exterior, el teórico de los campos mórficos sugiere que nuestra mente no está limitada al cerebro sino que emite prolongaciones que entran en contacto con lo que nos rodea, seres y objetos. Esta mente extendida nos permite entender fenómenos hasta ahora misteriosos como la telepatía o la premonición y comprender que no son paranormales sino que forman parte de nuestras habilidades humanas naturales. Combinando la tradición de la experimentación pragmática con la voluntad de no conformarse con las respuestas convencionales a estos fenómenos, Rupert Sheldrake abre nuevas vías a la exploración de lo más profundo de nuestra naturaleza. Basado en investigaciones rigurosas, descubrimos nuevas maneras de considerarnos y considerar las relaciones con nuestros semejantes, los animales y el mundo a nuestro alrededor. Las señales descansan olvidadas durante generaciones. Los prejuicios basados en el pensamiento de filósofos de los siglos XVII y XVIII han inhibido la investigación y la exploración de estos fenómenos. Como consecuencia, todavía tenemos mucho que descubrir sobre la naturaleza de la existencia en todos sus reinos de manifestación; mineral, vegetal, animal y humano.