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Caminando alegremente por la Tierra

Pensamientos y emociones; formas de energía

Todos los pensamientos comportan una carga emocional, que podemos decir es la reacción corporal que nos despiertan. También se produce el caso inverso, las emociones nos suscitan ciertos pensamientos vinculados a ellas.

Los tenemos de bastante neutros, y los hay que provocan rápidamente una fuerte reacción emocional, en función de nuestra sensibilidad, estado energético, vivencias anteriores u otros factores diversos.

En cualquier caso, a través de las emociones o sentimientos nuestro Ser interno nos da indicaciones concretas que reclaman ser escuchadas. Se requiere estar bien atentos en cada uno de nuestros momentos presentes. Así daremos con la salida del laberinto.

Son las emociones y sentimientos la salsa de la vida, sin ellos sí que nos pareceríamos más a máquinas racionales inertes. Hay una relación directa entre lo que pensamos y lo que sentimos. Mantienen ambos aspectos una simbiosis muy íntima. Una cosa nos lleva a la otra y la otra a la una, como caras de una moneda.

La mente es el elemento aire, y las emociones el elemento agua.

Aunque no se le ve directamente el aire tiene gran fuerza, que al pasar por encima del agua la moldea pudiendo formar desde pequeños rizos a olas gigantescas con gran poder destructivo. Tal como sucede entre pensamientos y emociones.

Cuando las emociones son fuertes y no somos capaces de asimilarlas en ese momento, es importante descargarlas convenientemente. Debemos evitar de hacerlo sobre nuestros semejantes, aunque pueda parecer que así aliviamos. Aparte de ser un gran error, las consecuencias en ellos son imprevisibles y normalmente negativas. Es mucho mejor recurrir a la naturaleza que fácilmente absorberá y sublimará toda esa energía. Árboles, mar, y montañas, así como una ducha, pueden ser buenos remedios. También podemos usar la voz con cantos, gestos, gritos, o estirarnos, correr, etc.

Evidentemente es mucho mejor no llegar a esos extremos de desequilibrio mediante un uso adecuado de nuestras capacidades, pero llegados a ese extremo... mejor canalizarlo adecuadamente.

Dentro de la concepción actual que tenemos de las cosas, podemos apreciar y entender que tanto los pensamientos como las emociones son formas de energía o vibraciones. De hecho a la luz de la física cuántica se sabe que absolutamente todo es energía, la materia más sólida, el agua, el aire, la luz..., el planeta, todo.

Ésta a su vez se puede manifestar como partícula sólida o como onda. Estado en el que es mucho más maleable.

Cuando algo está en fase de proyecto es fácil hacer cambios. Al contrario, cuando ya está materializado los cambios son mucho más costosos. Es más fácil solucionar un problema de salud en sus primeros síntomas, que cuando ya se manifiesta completamente. Un árbol de un año se puede quebrar con las manos, al contrario de un árbol de 85 años que requerirá arduos trabajos y herramientas. Nuestros hábitos y creencias pueden estar firmemente arraigados en nosotros, por lo que necesitaremos gran tenacidad para realizar cambios notables. Por suerte, en nuestra mente la llamada neuroplasticidad encontrará nuevas vías, si tenemos un propósito firme. Si cortamos el cauce de un río, el agua acabará encontrando nuevos caminos.

También observamos la energía en diferentes grados de concentración. Las más densas las llamamos materia sólida, pero también las hay de sutiles como el aire que sólo percibimos cuando se mueve. O de invisibles como las ondas electromagnéticas, que sólo podemos atestiguar por sus efectos, como la radio, los teléfonos móviles, la tv, pero que no las podamos ver, ni sentir, lo cual no las hace menos efectivas ni reales.

Lo que llamamos pensamientos, emociones y sentimientos son energías invisibles también, pero son muy poderosas.

Este tipo de energías pueden tener una carga positiva o negativa, y como vibraciones podemos definirlas como de frecuencia alta o baja.

Con estar ligeramente atentos podremos apreciar qué pensamientos nos producen armonía y bienestar, alegría, en definitiva frecuencias altas o de carga positiva, y cuáles nos conducen a un estado de irritación, tristeza, etc. que definiríamos como de frecuencia baja o de carga negativa.

Naturalmente el pensar produce un gasto energético en nuestro cuerpo, equivalente (a veces incluso superior) al uso de cualquier músculo. Los trabajos que requieren gran atención y trabajo mental producen un gran cansancio. Al igual que cuando nos quedamos en casa, supuestamente descansando, y le estamos dando vueltas a las cosas en nuestra mente. ¡Sin tregua!, al final, acabamos realmente agotados, ¡y se supone que no hemos hecho nada especial en todo el día!

Teniendo presente todo lo ya expuesto, estar en un estado de paz con nosotros mismos, podríamos decir, serenamente alegres, resultado de eludir intencionadamente los pensamientos innecesarios y emociones claramente negativas o fuera de lugar, con la mente tranquila y en un estado más contemplativo y silencioso, supondrá la acumulación de un importante excedente energético. Esta energía extra la podremos usar para ser más creativos en cualquier actividad que nos produzca satisfacción, para sanar nuestro cuerpo, incluso para ser más explícitamente amorosos.

La disponibilidad energética en nosotros es fundamental para todo cuanto nos propongamos hacer. Cualquier cosa es una montaña cuando estamos en niveles bajos. Es bueno respetar el reposo cuando nuestro cuerpo nos lo pide aceptando sus biorritmos. Lo más recomendable es el ahorro energético en todo aquello que no nos aporte un enriquecimiento o cubra una necesidad real.

La alegría y el entusiasmo nos aportan un renovado impulso que es un extra de energía que podremos aprovechar. Si aprendemos a alargar más y más estos estados anímicos, rebasaremos límites que parecían imposibles en otros momentos.

Partiendo de un estado de serenidad, nuestra mente sintoniza pensamientos de mayor nivel energético que a su vez evocan otros de la misma sintonía, manteniéndonos en un estado positivo muy útil para emprender el momento a momento creativamente.

La meditación es un medio para tomar plena conciencia y elevar nuestro tono mental. También nos permite practicar la atención y la concentración, lo que nos dará paso a dirigir nuestro caudal energético mental en la dirección que deseemos. Además nos permite serenar nuestra mente acercándonos al silencio, que es donde está la fuente de todas las posibilidades. Es desde allí donde surge la auténtica creatividad, la paz y el conocimiento, cuna de nuestro Ser más profundo. Es el eje de nuestra rueda, no se mueve, pero da el soporte necesario donde se apoya toda la rueda y de donde surge todo el movimiento.

Hay tantos tipos de meditación como meditadores. Un simple paseo tranquilo serenando nuestra mente. Escuchar los sonidos de la naturaleza. Sentarse junto a un río viendo el agua pasar en silencio. Estirarse en la hierba mirando las nubes. Sentarse delante de una llama fijándonos en la respiración. Oír una música serena y evocadora.

Todas estas acciones, y muchas otras, nos acercan a la serenidad necesaria para la introspección. Nos permitimos así entrar en un estado de paz y aceptación que sólo nos reportará beneficios.

En el segundo libro de "Caminando alegremente por la Tierra" encontrarás numerosas propuestas para experimentar y desarrollar estas experiencias.

Cuando nos encontramos en un nivel de consciencia más elevado, sereno, perceptivo, podemos incidir mediante nuestro pensar consciente sobre nuestro cuerpo, emociones o creatividad con una eficacia muy superior a la habitual. Más adelante veremos qué caminos podemos usar para lograrlo.