Caminando alegremente por la Tierra
Higiene emocional
Cada día cuidamos nuestra higiene corporal con dedicación. Seguramente no ponemos el mismo esmero en nuestro estado emocional. ¡Es tan importante como cuidar nuestro cuerpo físico! Si nos sentimos serenos, alegres, incluso amorosos estamos preparados para vivir nuestros momentos con la actitud adecuada para una experiencia agradable y enriquecedora. También afecta favorablemente a nuestras defensas que se encontrarán en pleno rendimiento. Si no es así y tenemos resentimientos y mal estar ¿hacemos algo al respecto? ¿O lo padecemos como inevitable hasta que se nos pasa? Podemos actuar como cuando tenemos las manos sucias y nos las lavamos para que recuperen su estado natural de pureza.
Hay muchos medios para ello, la primera premisa necesaria es ser totalmente honestos con nosotros mismos y mirar de frente lo que sentimos. Con la aceptación de observarnos sin ninguna represión ya tenemos medio camino recorrido. Podemos observar en qué pensamientos se apoya nuestro sentir y cuestionarlos, trascenderlos, sustituirlos, ignorarlos, dejarlos... son sólo unos pensamientos entre miles de posibles ¿por qué insistir tanto en éstos, que nos sientan tan mal? El siguiente paso es dar salida, expresión a nuestras emociones, podemos usar el canto, la risa, el llanto, el ejercicio, un árbol, el mar, una ducha, el viento, la poesía, la danza, el arte y tantos otros, no recreándose ni apoyando estas emociones no deseadas sino siempre con la intención clara de transmutar, trascender, dejar ir, para limpiarse y no volver a caer en estados de autocompasión o negatividad que no deseamos. Recuperamos así nuestro estado de "emoequilibrio" y nuestra paz. La negatividad que conllevan las emociones que nos generan distorsiones resueltas de esta manera consciente nos refuerzan. Son entonces un crecimiento para nosotros, de alguna manera hemos digerido su energía y la sobrante la expulsamos. Cuando se nos presenta un estado de emoción negativa no debemos reprimirlo, aprovechemos esa nueva oportunidad de desarrollo, tampoco apoyarlo ya que perpetuaría su existencia. Lo deseable es realizar la alquimia de cambiar el plomo en oro. La energía no se crea ni se destruye sólo se transforma.
La represión solamente sumerge el sentimiento en el subconsciente y queda almacenado de alguna manera en nosotros o en nuestro cuerpo para salir a la superficie en el momento quizás más inoportuno. También puede ser causa de contracturas musculares y otros problemas de salud. Cuando surge a flote es nuestra ocasión de resolverlo, y si viene del exterior evitar incorporarlo como nuestro, poniendo rápidamente las cosas en su sitio. ¡Hay que estar atento!

Usar la naturaleza para descargar lo que no podamos asimilar es lo mejor porque ella transmuta estas energías sin ningún problema ni consecuencias. Evitemos usar a nuestros semejantes para desfogarnos ya que quizás ellos no sepan digerirlo adecuadamente y los pongamos en un problema. Somos los responsables de nuestro estado emocional, aprendamos a mantenernos en el tono que nos satisface con gracia e imaginación.