Manual del hombre nuevo (Anónimo)
8. Ayuda
Cuando te sientas impulsado a ayudar, detente. Es muy probable que tu intento surja de un oscuro sentimiento de superioridad: Tú, superior, eres el que da; el otro, sutilmente menospreciado, recibe. En esa ayuda deliberada, existe un espacio inmenso entre tú y aquel a quien ayudas, pero cuando te sientes en comunión con todos, y hay amor, surge una ayuda que no has buscado, que no tiene objeto, y a la que ni se te ocurrirá poner el nombre de “ayuda”. Cuando ese espacio inmenso desaparece, como ocurre entre verdaderos amigos, surge la ayuda sin nombre, que no se busca, no se pide, ni se otorga, la ayuda sin espacio y sin pausa y que no tiene ni siquiera el retorno de una satisfacción momentánea.