Introducción
Las runas son un alfabeto y, a la vez, un lenguaje simbólico. Cada signo nombra una fuerza de la vida: la abundancia, el conflicto, el hielo que detiene, la cosecha, la herencia. Quien las consulta no busca adivinar un porvenir cerrado, sino mirar con más claridad el momento que atraviesa.
Este cuaderno recoge las veinticuatro runas del futhark antiguo en su orden tradicional, repartidas en tres series de ocho —los tres ættir—, con su simbolismo, su descripción y una síntesis breve para la lectura.
Nota histórica
Los pueblos del norte de Europa dejaron sus runas grabadas en piedra, hueso, madera y metal. Servían para nombrar, para recordar a los muertos, para proteger y para consultar. El alfabeto recibe el nombre de futhark por el sonido de sus seis primeros signos: Fehu, Uruz, Thurisaz, Ansuz, Raidho, Kenaz.
La palabra «runa» remite a secreto, a susurro, a aquello que se dice en voz baja. No era un alfabeto corriente: escribir tenía algo de acto sagrado, y quien conocía los signos tenía en las manos algo más que letras.

El hallazgo de Odín
Cuenta la tradición que Odín, buscando la sabiduría, se colgó del árbol Yggdrasill, herido por su propia lanza, y permaneció allí nueve noches sin pan ni bebida. En el fondo de esa entrega vio las runas, las tomó gritando y cayó de nuevo al mundo transformado.
El mito dice algo preciso: el conocimiento no se recibe sin pagarlo. Las runas se entregan a quien se sostiene en la oscuridad el tiempo necesario para que la luz aparezca.

