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Caminando alegremente por la Tierra

Actuar desde nuestro centro

Nuestro equilibrio físico se sustenta fácilmente gracias a que nos mantenemos en nuestro centro de gravedad. Esto hace posible que nos desplacemos, corramos, saltemos y adoptemos prácticamente cualquier postura y no perdamos nuestro equilibrio. Desarrollamos el sentido del equilibrio de pequeños y lo tenemos completamente asimilado e integrado, no necesitamos pensar en ello.

De igual manera, nuestra actitud y estado anímico se debe sustentar en el centro de nuestro Ser, desde donde podremos experimentar todas las experiencias sin desequilibrarnos por ellas, lo que podría provocar caídas de consecuencias imprevisibles. Podemos desarrollar este nuevo sentido, tal como lo hemos hecho con otros.

Entonces, ¿dónde se encuentra este punto de equilibrio? Este centro no está definido en el espacio, pero lo tenemos todos a nuestro alcance, se encuentra en un punto indefinido de nuestro interior, conforma el centro de nuestra existencia desde siempre, pero no lo usamos conscientemente, de hecho lo ignoramos la mayor parte del tiempo.

Tal como ya he mencionado, cuando de pequeños aprendíamos a caminar lo hacíamos con entusiasmo y poniendo una especial atención y cautela, aunque no sin caídas y algunos chichones. Fue así como instintivamente desarrollamos (sin ninguna racionalización) nuestro sentido del equilibrio. Exactamente lo mismo ocurre si deseamos estabilizar nuestra manera de vivir.

Actuar desde nuestro centro es guiarnos por aquello que sentimos en nuestro interior. Lo que nos produce auténtico bienestar y alegría. Lejos del \"tam tam\" que nos quieren hacer bailar, al son de las modas, de tener siempre más, de aparentar lo que no somos, de temer siempre lo peor y ocuparnos de cosas que no nos incumben.

No necesitamos quedar bien con nadie excepto con nosotros mismos. Como seres únicos que somos, nadie mejor que uno mismo puede saber lo que nos llena, y en qué invertir nuestro tiempo en este planeta.

Todo lo que nos llega del exterior se debe pasar por el filtro de nuestro corazón y seguir fielmente sus impulsos y directrices.

Bailando desde nuestro centro,

no perderemos el equilibrio.

Nuestra danza será única,

auténtica expresión de nuestro Ser.

Para nuestro genuino disfrute,

y la alegría de quien la quiera apreciar.

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Actuar desde nuestro centro implica no funcionar más exclusivamente desde nuestra mente en superficie. Los continuos pensamientos flotantes no son nunca una buena guía para apreciar nada, ni para decidir, ni para hacer. Es necesario estar atentos, y desde la serenidad interna y externa podremos encontrar clara guía a nuestros momentos presentes.

Empecemos pues por serenarnos, centrarnos en el presente y tranquilizarnos. Podemos adoptar una actitud curiosa y expectante respecto a lo que surge en nosotros, si aquietándonos y respirando profundamente nos apartamos de la corriente habitual en nuestra mente. Buscamos aguas tranquilas y descansamos... Uff, ¡qué bien! ¡Date un respiro!

Aquí no se trata de perseguir ni de conseguir nada, más bien al contrario, permitir que surja algo más interno. Abre tu percepción, escucha, siente. Esto es profundizar. No se puede contemplar una flor si pasas delante de ella corriendo.

Estamos cambiando nuestro estado de consciencia, voluntariamente. Podemos decir que pasamos de ondas cerebrales Beta a Alfa, y si nos entregamos con mayor intensidad podemos llegar a Theta. Aquí disponemos de un potencial creativo mayor. Una relajación profunda desde donde podemos actuar muy cerca de nuestro centro.

Al buscar conscientemente estos estados de serenidad nos elevamos sobre nosotros mismos. Podemos alternar los diferentes estados tanto como queramos.

Desde esta serenidad sí que podemos crear, decidir, buscar, compartir. Este sí que es un estado de mayor lucidez, está muy cerquita de nuestro centro y es donde se abre el campo de todas las posibilidades, lo tenemos aquí y ahora a nuestra disposición. ¿Por qué no lo usamos?

Encuentra tu propia manera de acceder. No te dejes abatir si te resulta dificultoso, intenta... intenta de nuevo. Descubrirás facetas en ti que esperan manifestarse. Abre tu sensibilidad, agudiza tus sentidos. Estamos rodeados por el infinito. Tanto si miramos afuera como adentro. Lo grande o lo pequeño. Que no te asuste tanta grandeza, pues la existencia ES en nosotros y nosotros somos ella. Explora y descubrirás.