Caminando alegremente por la Tierra
Dejar el viejo mundo
Si queremos experimentar una nueva vida, ver un nuevo mundo, expandir nuestra percepción, sentirnos diferentes, más libres, ampliar nuestros horizontes, si realmente queremos renovarlo todo es imprescindible dejar lo viejo. Dejar viejos pensamientos, viejos sentimientos, viejas actitudes, viejos conceptos, viejas creencias. ¿Ocurrió ayer? Ya es viejo.
Estar tan centrado en este momento y en interacción tan plena con él, que no sucede el seguir alimentando ni por un momento lo pasado, ya no nos interesa para nada. Estar muy atento para no caer nunca más; ni mencionarlo, ni tocarlo, ni recordarlo, ni con hechos ni siquiera con la palabra. Naturalmente nos apoyamos en todo lo anterior para dar nuestros pasos, constituye nuestro bagaje experiencial, pero no se debe mirar atrás para andar adelante, y si lo haces es fácil que tropieces.
Nuestros antepasados sólo merecen respeto y admiración junto con agradecimiento por su aportación y esfuerzos. Su trabajo hizo posible que ahora estemos aquí, de nuestra parte sólo podemos darles las gracias. Pero su mundo ya no es el nuestro. Sus valores han caducado, sus creencias se fueron con ellos. La tierra que vieron no es nuestra tierra. La luz que nos ilumina no es la que les iluminó a ellos. Cerremos un ciclo para abrir otro. Para vivir un nuevo mundo debemos crearlo, pensarlo, sentirlo y eso sólo puede suceder ahora si nos vaciamos de todo lo que viene de atrás. Es momento de recrearlo todo, de reinventarnos, de abrirnos a una nueva inspiración, de Ser, esta vez sí, conscientemente los autores de nuestras vivencias, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos. Lo que vivimos hoy mañana ya será obsoleto. Las hojas viejas se dejan caer para que puedan salir nuevos brotes. Olvidemos rencillas, disputas, deudas, reproches, venganzas, envidias, renazcamos a cada momento. Reposemos en las plácidas aguas de la quietud, donde nuevos vientos nos llevarán a nuevas costas.
Nuestra energía psicofísica no puede seguir alimentando todo aquello que ha llevado a este mundo al extremo donde se encuentra. Total respeto a quien desea seguir analizando, recordando, jugando, compitiendo, comparando, opinando... Si soy libre acepto la libertad del otro.
Sin derechos ni deberes la acción surge espontáneamente fruto de una relación íntima con la vida que somos. No con la vida que hemos sido, porque en ese caso sería una reacción o una repetición. Eso nos mantiene dando vueltas a lo mismo y es necesario salir de ahí.
Cada momento es único, cada acto genuino. En todo momento conscientes para no perdernos ni un detalle. Siempre haciendo frente a lo que surge cara a cara, con confianza, sin miedo, con creatividad. Somos un ser nuevo a cada instante. El universo nos respalda, está ahí sosteniéndolo todo ahora mismo. No lo dudes, puedes apoyarte en él. Sus recursos son nuestros recursos, y son infinitos. Sólo está esperando que los usemos, que nos entreguemos, con respeto, admiración, con afecto y alegría. No estamos separados de él, somos Él viviéndose.
Para vivir en esa consciencia es necesario dejar lo pasado y buscar profundizar en el momento. No intentemos controlarlo todo, ya que eso sólo demuestra nuestra falta de confianza, nuestro miedo, nuestra ignorancia. Una llama se consume a cada instante, se entrega completamente al momento y no se repite jamás. Se parece a la llama de hace un momento, pero es completamente nueva, genuina y no guarda nada. Su entrega es total, irradia lo que la nutre dando luz y calor a su alrededor. Podemos nosotros también vivirnos de forma fresca, ligera, espontánea, libre. Siguiendo nuestro impulso interior siempre unido al impulso de la existencia que tan sólo desea vivirse, sentirse, gozarse, manifestarse.
El silencio y la serenidad son nuestro refugio. Fuente de todas las posibilidades. Lejos de lo aprendido, lo repetitivo, lo heredado. Cuando surge en nosotros la inspiración, vivámosla sin reservas, volando con el momento. Si no la seguimos ella sigue su curso, no se detiene a esperarnos, rápidamente la veremos desaparecer en la distancia. Es fácil caer de nuevo en la repetición, en lo viejo, lo conocido. Hay que estar muy atentos, tranquilos y silenciosos. Así no desaprovecharemos la maravillosa ocasión que cada instante nos depara.
