Caminando alegremente por la Tierra
Respiración – Presencia
Nuestra existencia aquí depende de nuestra interacción continua con nuestro entorno.
Nos creemos separados de todo, pero eso es una ilusión, producida por la racionalización excesiva, que juzga, divide, analiza, y al hacer esto nos separa de todo. No podemos estar ni dos minutos sin respirar, necesitamos del aporte energético del aire, de la luz solar, del agua, de los alimentos, somos una parte del todo con el que estamos en permanente interacción.
Nos enriquece y nutre la relación con nuestros semejantes, es una interdependencia en la que cada cual aporta lo que ES.
Necesitamos del soporte físico de la tierra bajo nuestros pies, quien nos provee amorosamente de todo lo que necesitamos para transitar por sus caminos. Si practicamos el vivir desde el sentir, agudizando nuestros sentidos y manteniéndonos atentos, nuestra percepción cambiará y se hará más amplia y sensible. Esto nos permitirá percibir nuestra unión con todo.
De toda esta interacción permanente con nuestro entorno, la más vital es la respiración. No le deparamos mucha atención, pero sin ella dejaríamos este mundo en pocos minutos.

La respiración es nuestra fuente primaria de energía, por lo que es importante que, dentro de lo posible, estemos en un entorno donde el aire sea limpio. Libre de la intervención de acondicionadores de aire, sin humos, evitando atmósferas cargadas por falta de ventilación, olores desagradables, o ambientes excesivamente húmedos o secos.
Observemos que al inhalar nuestro cuerpo se dilata porque tomamos una pequeña parte del mundo que nos nutre, en nuestro interior se produce un intercambio químico-energético para acabar exhalando el aire restante con todo aquello sobrante que nuestro cuerpo necesita eliminar, dióxido de carbono, humedad, bacterias, virus. Incluso podemos eliminar elementos más sutiles si ponemos intención en ello como emociones, pensamientos, recuerdos, tensiones, etc.
Veamos cómo podemos aprovechar la fuerza de nuestra atención, enfocada con intención sobre nuestra respiración. No es casual que sea de las pocas funciones orgánicas sobre la que podemos actuar conscientemente.
Se trata de hacer valer el hecho de que podemos controlar fácilmente nuestra respiración y nuestra atención, para realizar un ejercicio de relajación que nos nutre energéticamente y nos permite profundizar en nosotros mismos:
- Tomar asiento cómodamente de manera que la espalda quede recta, apoyada suavemente en el respaldo si es necesario, y con las piernas relajadas, sin forzar.
- Cerrar los ojos o mantener la vista en un punto fijo delante de nosotros.
- Iniciar tres respiraciones profundas, lentas, preferiblemente abdominales, y con toda nuestra atención puesta en ello, notando todo el proceso con detalle, temperatura del aire, cómo se dilata el abdomen, cómo se contrae, etc.
- Con cada espiración aprovechamos para relajarnos más y más, extrayendo con el aire toda tensión. Podemos apreciar como el aire nos da la vida, insuflándonos energía. Quien tenga facilidad para la visualización puede usarla para llenarse de luz con cada inhalación. Y como expulsamos negatividades o pesadeces, con cada exhalación.
- A continuación dejar al cuerpo respirar con naturalidad por sí mismo, nosotros mantenemos la atención puesta en ésta, sin intervenir.
- Mantener la mente en silencio con la atención enfocada en la respiración. Si nos distraemos con algún pensamiento, al darnos cuenta, simplemente volvemos a poner la atención en respirar.
- Mantener este estado meditativo mínimo por unos 5 minutos.
Este sencillo ejercicio resulta muy nutritivo tanto para nuestra mente como para nuestro cuerpo, además de darnos indicaciones claras de cómo nos encontramos y de qué grado de control tenemos sobre nosotros mismos; nos trae presencia, capacidad de vivir en el aquí-ahora.
No únicamente la respiración y los alimentos, junto con el agua, nos proporcionan la energía y elementos necesarios para nuestra vida.
La naturaleza en sí misma y nuestra interacción con ella también son nutritivas. Un paseo relajado por el bosque, un día junto al mar, subir una montaña, en definitiva, el contacto íntimo con la naturaleza restaura nuestro estado emocional, sobre todo si lo hacemos con la actitud adecuada.
Nuestro ser se nutre con todo lo que nos llega mediante nuestra percepción. Lo que vemos, oímos, tocamos, degustamos, pensamos, sentimos, leemos, soñamos, interacción humana, etc. Todo es nutritivo, enriquecedor y nos permite crecer, experimentar. Pero no todo es digerible para nosotros, siempre de toda esa interacción se producen, como en la respiración, desechos que debemos expulsar para mantenernos en equilibrio y sanos. Al igual que nuestro cuerpo elimina el CO2 que le intoxicaría, debemos eliminar también actitudes, informaciones, sentimientos, emociones, pensamientos, energías\... claramente tóxicos para nosotros.
Hay muchos medios para ello, la respiración consciente ya comentada es uno, pero también podemos aprovechar otras vías que usa el cuerpo como el sudar, vomitar, orinar, defecar o escupir. No es difícil imaginarse como hacerlo.
También los elementos tierra, fuego, aire, agua, son un excelente medio. En el segundo libro se proponen trabajos concretos para realizar estos trabajos de limpieza.
Una costumbre muy recomendable es darse un baño de silencio frecuentemente. Ese silencio del que estamos tan necesitados. El silencio cuanto más profundo sea, mejor. Lejos del tráfico, teléfonos, músicas, industrias, conversaciones, megafonías,... el silencio nos limpia y regenera el espíritu devolviéndonos el equilibrio perdido.
Vivimos demasiado lejos de nuestro origen, en un mundo \"ordenado\" de coches, asfalto, cemento, humo, ruidos y aglomeraciones, que ignora las necesidades de nuestro corazón, de afecto, de serenidad. Nuestro Ser se enriquece con el silencio, los trinos, la paz, los juegos y el amor.
Estamos tan aturdidos en nuestro quehacer continuo que ni nos damos cuenta de que estamos atrapados en un universo mental personal, pequeño y aburrido. Apartados de lo único real, el aquí y ahora, que es simple, tranquilo, y al que podemos hacer frente con imaginación y alegría. Si abrimos las alas de nuestra percepción, un nuevo mundo aparece esplendoroso ante nosotros. ¡Siempre estuvo ahí y nunca lo vimos!