Caminando alegremente por la Tierra
El inconsciente
Disponemos de un capital de conocimiento increíblemente extenso. Todo lo que hemos vivido, aunque no lo recordemos, desde nuestra mente en superficie, está allí. Cuando nos reunimos con antiguos compañeros de escuela salen a la luz vivencias que teníamos completamente olvidadas y que al interactuar en conversación entre unos y otros vuelven a la luz. Esto es, podemos reconocer muchas cosas como vistas, leídas, vividas, oídas... que no podemos recordar. Están allí, pero nos resulta imposible acceder. Es más, en nuestro inconsciente existe información que quizá nunca hemos sido conscientes de captar, ya que lo hemos hecho de forma subliminal. Nuestro inconsciente es nuestro sabio interior. Sabe mucho más que nosotros. Si lográramos comunicarnos directamente con él, nuestras capacidades se verían multiplicadas de forma asombrosa. También en él se encuentra todo lo reprimido, lo aprendido, o las experiencias de todo tipo que conforman nuestro pasado, sean agradables o no.
Los pensamientos no son pues algo inocente que podemos obviar y que no requiere de nuestra atención consciente, ya que surgen de nuestro inconsciente. Mayoritariamente pertenecen a nuestro pasado y tienen un gran poder sobre nosotros, una gran fuerza creativa en nuestra vida y en la de quien nos rodea, así como también en nuestro entorno.
Afecta incluso al conjunto de los seres vivientes de formas que no llegamos a comprender en este momento. Es bien conocido para quien se ha interesado en observarlo, la fuerza tremenda que tienen las ideas en un grupo humano y que les puede llevar a realizar acciones maravillosas o desastrosas según sean más o menos conscientes.
Se ha experimentado el sorprendente efecto beneficioso de unos cuantos cientos de personas que al meditar en una ciudad con intención amorosa para su entorno han conseguido bajar notablemente el índice de criminalidad entre el conjunto de sus habitantes.
También disponemos de otra capacidad inconsciente de nuestra mente, aunque poco reconocida por ámbitos científicos es parte de la experiencia de todos. Cuántas veces hemos pensado en una persona que no veíamos en mucho tiempo y en breve recibimos su llamada telefónica. En otras ocasiones hemos dicho lo mismo y a la vez que otra persona. También se han dado muy frecuentes casos de descubrimientos o inventos en diferentes partes del planeta y después se ha discutido quién fue el primero en hallarlas.
Es más que conocido el enlace que hay muchas veces entre madres e hijos que permite saber a la madre instantáneamente que su hijo ha tenido un accidente o que tiene problemas, para enterarse más adelante que realmente fue así en el momento que lo intuyó.

Que la ciencia actual no reconozca estos fenómenos por no poder reproducirlos pone más en evidencia las limitaciones que tiene el actual método científico. No se puede negar algo que es experiencia de casi todos en algún grado. Atribuirlos a la casualidad aún suena más imposible. Decir que no siempre sucede y no a todo el mundo no quita la validez de cuando sí sucede, aunque no le pase a todos.
Conocemos los efectos de un buen pensamiento regalado a alguien como cuando apreciamos el trabajo de alguien:
\"Qué bien te ha quedado\" o cuando decimos:
\"Hoy estás guapísim@\".
Siempre producen un eco positivo, amoroso, que aporta bienestar y alegría.
También conocemos los rápidos efectos de lanzar un mal pensamiento como un insulto o un reproche a alguien, quizás te lo devuelven o no, pero siempre produce un efecto amargo en todos, tanto en el emisor como en el receptor.
Es muy importante vigilar qué pensamientos albergamos, porque constituyen cómo estamos, pero aún lo es más estar atentos a qué pensamientos compartimos, ya que por decirlo en pocas palabras, irradiamos aún con más fuerza, mediante ellos, amor u odio a nuestro alrededor. De alguna manera los pensamientos surgen de nuestro subconsciente ya sea por asociación o por otras causas, es entonces el momento de depurar, de observarlo y no darle ningún apoyo si no es explícitamente sugerente, adecuado y positivo para nosotros y los demás.
El inconsciente actúa en todos la mayor parte del tiempo, se evidencia más cuando reaccionamos de forma automática a una situación dada. Es el momento de encender la luz y ver que podemos escoger de forma creativa. Todo un reto al que nos enfrentamos continuamente, como cuando recibimos, por la razón que sea, de alguno de nuestros semejantes, una ola de negatividad (cosa que sucede con relativa frecuencia), tenemos básicamente dos opciones:
- La más habitual es molestarse enormemente, y en reacción a esta fuerza de choque nuestra mente genera numerosos pensamientos de defensa o ataque. Nuestras emociones adoptan entonces una tasa vibratoria semejante o incluso inferior al provocado por la onda de choque. Es claramente una reacción automática inconsciente.
Nadie sale beneficiado y se pueden producir daños de larga duración.
- Otra posibilidad es valorar la situación con desapego. Entender qué le pasa a esa persona y mirar si se puede hacer algo para que recupere su paz. Quizás ha sido un malentendido, o tal vez está claramente equivocada, pero perder nuestro equilibrio en ningún caso es una opción adecuada para nosotros.
El estado de alerta ha prevalecido y el resultado del encuentro siempre será mucho mejor.
Si revisamos nuestras experiencias, todos hemos experimentado tanto una como la otra reacción ante una situación dada.
Simplemente se trata de tomar conciencia de que podemos escoger (aunque no nos lo parezca en ciertas situaciones), de hecho siempre escogemos, nos demos cuenta o no. Cualquier acción debe ser tomada por decisión propia, porque las reacciones automáticas nos llevarán a sitios donde seguramente no queríamos ir. No es fácil, sobre todo si tenemos un nivel energético bajo, pero tampoco es fácil manejarse con las consecuencias negativas de una vida inconsciente y su legión de efectos desastrosos.
Escojamos sabiamente, es posible, lo tenemos al alcance, sólo requerimos de "atención - intención -- intento" y veremos ante nuestra propia sorpresa como las cosas van por otros caminos.