Caminando alegremente por la Tierra
El intento

La tríada "presencia, atención, intención" es el medio de alinear nuestro estado mental con la consciencia.
La presencia es la manifestación o consecuencia de mantenernos en el eterno ahora que está fuera del tiempo. Desde este punto se ejerce la acción puesto que es el único lugar de existencia real. Ni el agua pasada ni la por llegar mueve ni un milímetro las aspas del molino. El concepto presencia implica también un estado perceptivo abierto, expectante.
La atención es nuestra capacidad de centrarnos en aquello que deseamos, dejando el resto de estímulos en un segundo plano, pudiendo de esta manera usar nuestras capacidades cognitivas con más intensidad en ese punto concreto.
Donde ponemos la atención dirigimos la energía.
Continuamente se nos reclama la atención; pareja, hijos, trabajo, televisión, publicidad, amistades, todos quieren de nosotros nuestra atención, nuestra energía.
A través de ella interactuamos con nuestro entorno, podemos decir que es el \"foco\" de la consciencia.

Es bueno entonces que la usemos, conscientes de su poder y con una intención clara, evitando un uso indiscriminado que supone perder nuestro tiempo y energía.
De igual manera que no nos ponemos a dar vueltas inútiles con el coche si no es que vamos a algún sitio, aunque sea simplemente pasear con él.
¿Qué ocurre entonces cuando ponemos nuestra atención lejos del momento presente, en un conjunto de pensamientos que son recuerdos de un hecho del pasado, o de un hecho que no llegó a pasar y divagamos sobre lo que pudiera haber sido?
Estamos dando vueltas inútiles con algo que no va a ninguna parte, ¿no? O ¿qué ocurre cuando estamos juzgando y criticando mentalmente a cualquier persona, injusticia del gobierno, las leyes, los bancos, etc. quejándonos de lo dura que es la vida con nosotros? Ponemos sin quererlo nuestra atención en un conjunto de pensamientos que nos apartan del momento real que tenemos delante nuestro, invirtiendo nuestra preciosa atención, energía y tiempo en unos pensamientos que son como un callejón sin salida.
Otra cosa es apreciar una situación que no nos gusta como podría ser la actuación de bancos o grandes empresas, o quizás gobiernos, y emprender acciones concretas para intentar cambiar las cosas, como manifestaciones, sacar el dinero del banco o reclamar mayor democracia.
Toda esa atención, energía y tiempo, encaminada a un objetivo centrado en el presente y con una intención clara, son un empuje que aprovechamos para dirigirnos allá donde queremos estar, por ejemplo: estar alegres, creando oportunidades, aprendiendo cosas, dando un paseo consciente, apreciando lo mucho que tenemos.
Hay un sinfín de posibilidades que tenemos a nuestro alcance.
A la atención podemos acompañarla de una intención.
Ponemos la atención en una lectura con la intención de obtener una información que nos interesa.
La intención da un propósito, una dirección a nuestra energía.
El uso consciente de nuestra mente, enfocando adecuadamente nuestra atención-intención, es extremadamente efectivo, nos permite un ahorro energético cuantioso, que eleva nuestro estado mental y físico a niveles insospechados, para que allí donde nos enfoquemos podamos alcanzar cuotas de creatividad y eficacia sorprendentes.
Pero aquí es necesario mencionar otro aspecto implicado que es el intento. El intento es acción. El intento nos lleva más allá en nuestra interacción y nos convierte en el artista de nuestra obra.
Después de concebir la posibilidad para nosotros de ir en bicicleta, pusimos nuestra atención en cómo se hacía, con la intención de poder desplazarnos con ella, así que iniciamos el intento subiéndonos en una y ejecutando con mayor o menor gracia las maniobras necesarias para "ir en bici". Sin el intento no tenemos gran cosa. Son las vivencias experimentadas las que producen un auténtico crecimiento.
La fuerza del intento es la fuerza de la acción.
El intento (presencia, atención, intención) junto con la pasión (amor, aprecio, agradecimiento) forman el hexágono patrón energético que conforma la mejor experiencia humana. Toda creación o vivencia de valor se basa en esta geometría.
Uno de nuestros principales problemas es que vamos dispersando sin darnos cuenta y de forma continua nuestros recursos energéticos. De manera que cuando queremos ponerlos realmente en acción no disponemos de reservas suficientes y todo nos resulta costoso.
El intento, tal como aquí lo enfoco, es la fuerza que nos permite lanzar la flecha y dar en la diana. Alguien que te viera de afuera te podría decir, ¿cómo lo has hecho?, a lo que responderías:
- Con el intento; desde la presencia en este momento he puesto mi atención en la flecha y en la diana con la intención de dar en el blanco. He visualizado el suceso y mi cuerpo-mente ha hecho lo necesario para conseguir el objetivo. No sé exactamente cómo, ni falta que me hace saberlo. Si tuviera que controlar cada músculo, cada gesto, la vista, el equilibrio, la fuerza, la respiración, la circulación, etc. necesarios para lograrlo no lo hubiera conseguido nunca.
- Sí bueno, pero si lo intento yo, lo más probable es que ni me aproxime.
- Tienes que insistir lo suficiente intentándolo cuantas veces necesites hasta lograrlo. Nadie nace sabiendo lanzar flechas, ni caminar, ni nadar (¿o sí?). Sólo la pereza te lo puede impedir. Inténtalo una y otra vez, intento, intento, intento...
Conviene pues un cambio de rumbo en nuestra manera de actuar, evitando toda acción inútil o claramente autodestructiva, para que de esta manera podamos acumular recursos energéticos suficientes, que nos abrirán las puertas a nuevas posibilidades en nosotros, que no habíamos ni considerado.
El mundo es como es por causa nuestra, y de las decisiones que hemos tomado; o dejado de tomar.
Por cierto, ¡no decidir también es decidir!
