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Caminando alegremente por la Tierra

El pensamiento compulsivo

Todo humano a partir de una corta edad dispone de una mente. Nuestra mente desde que despertamos por la mañana entra en funcionamiento automático. Los pensamientos empiezan a sucederse sin solución de continuidad.

Creemos que estamos despiertos porque estamos en un mundo que nos es familiar y compartimos con otros seres vivientes. Pero nuestra nube personal de pensamientos es quien determina como vivimos cada momento.

Condiciona nuestro estado de ánimo y cómo interactuamos con los demás. Si no es nuestro Ser interno quien supervisa la calidad de nuestros pensamientos y acciones entonces todo queda en manos de nuestra nube inconsciente de pensamientos.

Y digo inconsciente porque es impulsiva, automática, procedente mayoritariamente del pasado y sin supervisión de nuestro Ser en el presente.

Es un conglomerado de afirmaciones más o menos erróneas, interpretaciones siempre subjetivas, y creencias que no tienen porque ser ni lejanamente acertadas.

¡Y en esa nube de pensamientos ponemos los mandos de nuestras palabras, nuestros actos, nuestras emociones, e incluso nuestras decisiones! ¿No es una locura?

Es similar a cuando soñamos, no tenemos un control consciente de nuestros sueños y las cosas se suceden sin que podamos hacer casi nada al respecto, por lo que en cualquier momento nos podemos encontrar en situaciones difíciles y desagradables, a las que no sabemos ni cómo hemos llegado. Tal como nos ocurre en la vida diaria cuando no supervisamos nuestro trabajo mental.

Un monje budista explicó un chiste a un grupo de adeptos. Todos rieron con alegría. De nuevo el monje volvió a explicar el mismo chiste, y ya fueron menos los que se rieron. Aún lo explicó una tercera vez y fueron pocos los que volvieron a reírse. Incluso llegó a la cuarta explicación, ya nadie se rió, ante lo cual el monje comentó:

"Al igual que un chiste pierde la gracia si se repite muchas veces, tendríamos que dejar de entristecernos cuando insistimos en pensamientos que nos atormentan con persistencia."

Vivimos en una rutina pertinaz que nos mantiene la mayor parte del tiempo, inconscientes, podríamos decir en piloto automático.

Mismos

Pensamientos

Mismas

Emociones

Misma

Realidad percibida

Mismas

Acciones, conductas,

Decisiones

Mismas

Experiencias

Rutina

Inconsciente

=

Malestar

Tal como muestra el gráfico, estar sometidos al pensamiento compulsivo inconsciente, que por tanto tiempo ha dominado nuestras vidas, genera un círculo de condicionamientos que es necesario romper en alguna de sus facetas si queremos realmente cambios efectivos en nosotros.

Es en el ámbito mental, donde podemos más fácilmente realizar cambios para modificar toda la rueda de acontecimientos:

Nuevos

Pensamientos

Nuevas

Experiencias

Creatividad

=

Salud

Nuevas

Emociones

Nuevas

Acciones, conductas,

Decisiones

Nueva

Realidad percibida

Así dejaremos de vivir en las montañas rusas emocionales y de malgastar nuestra fuerza vital en cosas que no nos interesan realmente. También de esta manera dejaremos de hacer daño a quien nos acompaña y seremos fuente de bienestar para nosotros mismos y para todos.

Mediante el mismo gráfico podemos observar cómo se produce el proceso biológicamente:

Misma

Actividad cerebral

Cuerpo

Adicto

Misma

Química

Cerebral

Mismos

Circuitos cerebrales

Mismas

Señales enviadas a genes y órganos.

Misma segregación de proteínas que marcan

el estado del cuerpo

Este proceso de cambio parece arduo y doloroso. Parece que es más fácil que se imponga de nuevo la rutina y que caigamos una vez más en nuestros propios caminos trillados. Las conexiones neuronales más frecuentadas están reforzadas y tienden a perpetuarse. Las hemos estado alimentando durante años de repetición y, aunque ya no nos satisfacen, entrar en territorio desconocido requiere cierta energía extra y puede provocar algo de resistencia y rechazo. Al iniciar los cambios transitaremos un tiempo de "estar en tierra de nadie". Los nuevos caminos aún no están bien definidos y se requiere mayor atención. Para mí es un estado que nos abre a las infinitas posibilidades que tenemos a nuestro alcance.

Nuestra manera de funcionar rutinaria es similar a la situación que se vive con cualquier adicción; tabaco, bebida, televisión, conductas, emociones... son el mismo proceso inconsciente, transcurre por los mismos canales que podemos atajar con sólo fijarnos nuestro nuevo propósito de forma inflexible y utilizar los recursos más que sobrados que tenemos a nuestra disposición y que se van desgranando aquí.

Nos encontramos primero en un estado de carencia-ansiedad. Buscamos el placer que nos da nuestra adicción. La satisfacemos y nos encontramos "mejor". Se produce a continuación un descenso paulatino que nos conduce de nuevo al estado inicial.

Para salirnos del bucle de la adicción tenemos que hacer frente al origen, en este ejemplo el estado de carencia-ansiedad. Encontramos que tiene componentes mentales, físicos y emocionales.

Actuaremos en cada uno de esos aspectos diligentemente. Cada cual ha de encontrar sus recursos y enfoques personales, pero daré algunas orientaciones:

- Mental

- Nos serenamos al máximo usando la respiración consciente.

- Observamos nuestros pensamientos.

- Desechamos amablemente cualquiera que nos conduzca a la carencia-ansiedad o al retorno al bucle.

- Buscamos pensamientos donde apoyarnos para sentirnos completos y en paz.

- Emocional

- Aceptamos como nos sentimos, pero sin entregarnos a ese estado ni a la negatividad.

- Apoyándonos en la serenidad y en los pensamientos positivos escogidos para el caso, evocamos sentimientos agradables.

- Buscamos entrar en el ámbito del amor-aprecio-agradecimiento.

- Físico

- Aceptamos el malestar físico, pero no nos entregamos a él.

- Buscamos como calmar y aliviar. Podría ser una ducha, un paseo, algo de ejercicio, escuchar música.

- Afrontamos las sensaciones que nos llegan como los pasos para un mayor equilibrio. Dejamos que el cuerpo haga lo que tenga que hacer, pero sin aceptar la vuelta al bucle adictivo como falsa resolución.

Son innumerables las alternativas para poder modificar los estados negativos de nuestro bucle personal. Busca y encontrarás.

La presión que ejerce la adicción, buscando perpetuarse, dura un tiempo limitado. Aunque en el momento culminante nos parezca eterna. Funciona por oleadas.

Este fenómeno podemos compararlo a cuando nos bañamos en el mar con oleaje. Vemos llegar una ola con aspecto amenazante. Ésta nos eleva e intenta arrastrarnos con fuerza aparentemente arrolladora. Si tenemos claro que no queremos dejarnos arrastrar por ella, nadamos contra ella atravesando la cumbre para acabar descendiendo por la pendiente que forma al alejarse. ¡UFF! Ésta ha sido potente... Eso es usar los recursos que disponemos para hacerle frente. Si la ola nos pilla despistados es fácil que nos arrastre petándonos encima y dándonos un buen revolcón. Hemos caído una vez más, veremos en la siguiente.

Pero si estamos atentos cuando vemos que llega, nos zambullimos y la atravesamos por debajo saliendo por detrás tranquilamente. ¡Es divertido! Hemos usado creativamente nuestros recursos. Podemos hacer lo mismo con cualquiera de nuestros estados indeseables. El resultado puede llegar a ser de diversión y bienestar. Con el tiempo estas olas se van distanciando hasta que no son más que un recuerdo lejano.

Es sorprendente cuánto nos llenan nuestras pequeñas o grandes amarguras, rutinas o adicciones. Nos dan cierta seguridad, son una parte de nosotros de las que quizás no queramos desprendernos definitivamente. Pero al final sucede como cuando apagamos algún aparato ruidoso de nuestro entorno, nos habíamos acostumbrado a oírlo y casi ni lo notábamos, pero el silencio resultante produce gran alivio.

Seguramente dirás si no hay una manera menos dolorosa de pasar por este proceso, y la respuesta es que sí; la manera de reducir el sufrimiento que asocias con las experiencias y acontecimientos que suceden - tanto tuyos como de los demás - es cambiar el modo de percibirlos.

No puedes cambiar el acontecimiento externo puesto que ha sido creado por la aportación de muchos de nosotros. Nuestras consciencias no se han desarrollado lo bastante como para alterar individualmente lo que ha sido creado colectivamente, pero sí que puedes cambiar la experiencia interna. Ésta es la llave maestra de la que disponemos.

Nada es doloroso en y por sí mismo. El sufrimiento es el resultado de un enfoque equivocado. Es un error en el pensar que produce un eco en el sentir.

Tenemos la posibilidad de substituir esos pensamientos dolorosos dejándolos de lado y fomentando otros que sintamos más provechosos. ¿De quién depende? Sólo de nosotros mismos. ¿Cómo llenamos el vacío que un cambio importante nos puede dejar? Haciéndole frente directamente y sin temor alguno. ¡De hecho ese vacío es una bendición! Nos despierta al momento presente y genera un campo de mil posibilidades. Volver a lo de siempre ya sabemos a donde nos lleva, pero "no coger ese cigarrillo" nos deja espacio para otras cosas; baila, corre, salta, canta, da un paseo, lee un buen libro, medita, date una ducha, escoge lo que sea, o nada...

Cuando surge de nuevo ese pensamiento-emoción detonante estamos atentos y no le seguimos la cuerda, ¡es sólo un pensamiento! Podemos elegir otro de los infinitos que hay, ¿por qué engancharse siempre a los mismos? ¿Que te sientes mal? Pues que bueno que tu cuerpo está vivo y reacciona a los cambios que estás produciendo, sólo dale tiempo y recuperará su bienestar natural.

Tenemos la posibilidad de conducir nuestro cuerpo-mente y emociones con nuestra consciencia. No nos lo enseñaron de forma clara pero es un hecho. Vale la pena tener bien presente que nosotros podemos, todo el mundo puede si utiliza todos sus recursos. Muchos lo hacen de forma instintiva, sin ni habérselo planteado. Si lo hacemos plenamente conscientes de nuestras fuerzas, la potencia se multiplica.

Actualmente ya son muchos los que viven sus vidas como artistas creadores, muy lejos de estar condicionados por sus circunstancias mentales puntuales. Tenemos todo lo necesario, pongamos manos a la obra.

Para ver el mundo en un grano de arena

y el cielo en una flor silvestre,

mantén la infinitud en la palma de la mano

y vive la eternidad en una sola hora.

Wiliam Blake