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Caminando alegremente por la Tierra

Nosotros no somos nuestros pensamientos

Somos herederos de un gran capital biológico, que nos define hasta en nuestros más sutiles detalles y nos da nuestro aspecto único. También podemos decir que disponemos de un legado energético. Hay quien dispone de un muy abundante caudal no siempre fácil de administrar y quien anda algo más justito. Por último disponemos de un patrimonio cultural, que se nos ha proporcionado con la educación y la relación con nuestro entorno social inmediato. Todo ello implica tanto condicionamientos como posibilidades.

La principal actitud ante estos legados creo que ha de ser de agradecimiento y admiración. La naturaleza y nuestros antepasados en trabajo combinado (como "UNO") y a lo largo de millones de años han permitido que seamos así en este mismo momento. Lo damos tan por sentado que ni por un momento tenemos en cuenta nuestra gran fortuna. Tenemos el testigo en nuestras manos. ¿Qué haremos con todo ello?

Toda esta herencia podríamos decir que nos condiciona en gran medida, pero quiero destacar aquí que simplemente considero que nos abre un abanico inmenso de posibilidades. Éste es nuestro punto de partida.

Dentro de este campo de posibilidades, naturalmente hay cosas que son como son y en un principio no podemos hacer gran cosa (ni creo que valga la pena molestarse en ello), como nuestra altura, o la forma de nuestras manos. Pero sí que podemos decidir sobre otros aspectos más sutiles y trascendentes, como nuestra disposición anímica, nuestros contenidos mentales, o nuestro mundo emocional. Administrándolos adecuadamente, podemos llegar a cotas de realización y felicidad insospechadas en este momento.

Tenemos a nuestra disposición las herramientas necesarias para empeñarnos en cualquier tarea que deseemos:

Cuerpo

Mente

Emoción

SER

De entre ellos empezaremos por la mente porque creo que es la más efectiva y poderosa herramienta de creación y cambio.

El pensamiento es un fenómeno que nos sucede a todos de forma automática, como la respiración. Aparentemente no tenemos un control directo sobre ellos, simplemente ocurren. Y tal como ocurre con la respiración no necesita de nuestra intervención directa sino que sucede por sí mismo. Aun así podemos intervenir y dirigir ese flujo hasta cierto punto voluntariamente.

Nuestra mente, en alguno de sus aspectos, es como un aparato receptor y emisor de pensamientos similar a una radio (aunque va mucho más allá). Éstos se encadenan entre sí frecuentemente por simple asociación, unos atraen a los otros. Pero no solamente se suceden por sí mismos, sino que nuestra consciencia, mediante la "atención" y la "intención" realizan el trabajo de sintonizador que nos permite enfocarnos en una dirección concreta. Lo hacemos continuamente cuando nos dedicamos a cualquier tarea y estamos realmente interesados en ella, una sucesión de pensamientos nos van guiando momento a momento, o quizás distrayéndonos si no estamos muy al caso.

La cuestión es que con demasiada frecuencia nos encontramos inmersos en un laberinto de pensamientos totalmente desvinculados de nuestra situación real del momento y sin un propósito deseado. Son un conjunto de ideas que en realidad no necesitamos, de hecho son más un estorbo que nos mantiene inmersos en una nube a través de la cual interpretamos nuestra experiencia del momento.

Este aglomerado mental nos acompaña a todas partes y actúa como un filtro. No vemos las cosas o sucesos tal como son, sino que nuestra atención, da más crédito a lo que pensamos al respecto que no al hecho en sí, que en realidad es neutro.

La realidad que nos envuelve contiene una profundidad y un sinnúmero de matices tal que a la mente pensante (habitualmente del cerebro izquierdo) le resulta totalmente imposible de abarcar con su mecánica del uno a uno. Su funcionamiento es en serie. Nuestra percepción (cerebro derecho, emocional...) sí que puede llegar mucho más allá, ya que funciona en paralelo. Siempre que estemos atentos y abiertos desde el silencio interior. Tenemos dos hemisferios cerebrales, cada uno con sus especificaciones y puntos fuertes. Frecuentemente no los usamos de forma equilibrada. Nuestro lado izquierdo más racional está sobre estimulado y nos genera un desequilibrio importante. No sabemos estar en silencio. El empuje incesante de nuestra mente pensante no nos da tregua y consume nuestra energía y atención en una miríada de cosas frecuentemente superfluas, banales y sin sentido para nuestro "bien estar" o "bien hacer" de cualquiera de nuestros momentos.

Por otro lado, esta racionalización de todo nos lleva a juzgar, analizar e intentar explicarlo todo. Llegando mucho más lejos de lo necesario en sus cometidos naturales. Parece que quiera apoderarse de todo, con los nefastos resultados que podemos apreciar a nivel global en nuestras sociedades modernas; materialismo, contaminación, violencia, egoísmo, corrupción, machismo, racismo, y así una lista interminable.

"UN PENSADOR ES UN CREADOR,

QUE VIVE EN UN MUNDO DE SU PROPIA CREACIÓN"

Además de lo mencionado, a nivel personal, esta falta de control comporta muchos posibles problemas de apreciación, sobre todo si nuestros hábitos mentales, no son saludables, o favorables a nosotros mismos. Más adelante explico en qué aspectos.

Naturalmente todo ello implica un estado emocional asociado, que aporta una energía directamente relacionada con esos contenidos y matices del conjunto de nuestros pensamientos a cada momento.

En nuestra vida el contenido mental que albergamos ha ido variando sensiblemente en función de nuestros intereses, deseos, situaciones y edad.

Por otro lado hay algo en nosotros que se ha mantenido constante a lo largo de todo este tiempo, podemos llamarlo nuestro Ser interno, testigo, o conciencia.

Es aquella parte de nosotros que escucha, ve y testifica los pensamientos. Nos acompaña desde el nacimiento y constituye nuestra esencia verdadera, inalterable y permanente. Llamaremos a esta esencia nuestro Ser. No son los pensamientos los que se ven a sí mismos ya que no tienen entidad para ello, sino nuestra consciencia. Independientemente de que percibamos este fenómeno o lo demos tan por sentado que ni se haya uno percatado de ello.

Resulta pues evidente que los pensamientos no somos nosotros ya que cambian constantemente y son algo que vivencia nuestro Ser como también lo hacemos con el hambre, el sueño y todas las demás cosas. Siendo esto así, cómo es que con tanta facilidad damos por ciertos muchos pensamientos que albergamos y que ni consideramos casi la posibilidad de ponerlos en duda. Identificándonos con ellos casi al instante y siendo demasiadas veces capaces de defenderlos a capa y espada ante nosotros mismos y ante los demás, por mucho que la evidencia nos demuestre que están equivocados.

Los pensamientos son solamente pequeñas visiones parciales, interpretaciones posibles entre infinitas. Pueden llegar a tener una gran fuerza si nos los creemos, dándolos por ciertos y verdaderos. Dependen muy directamente de nuestra educación y entorno, así como de los medios de comunicación.

Sucede que al darle a un pensamiento concreto nuestra aceptación como \"verdad\", lo convertimos en algo importante para nosotros como si fuera una parte imprescindible de nuestro ser. Vale la pena ser muy cuidadoso al dar por cierto un pensamiento, puesto que según como sea éste, puede elevarnos en las aguas de la mente o al contrario hundirnos privándonos de la perspectiva necesaria.

Somos partícipes del conjunto de pensamientos que nos han aportado nuestra familia y la cultura donde nos hemos criado. En otras culturas las cosas pueden ser radicalmente distintas, visiones diferentes, interpretaciones diversas que generan otra concepción de las cosas.

De esta manera identificarse con excesivo apego a un pensamiento o un conjunto de ellos puede limitarnos de acceder a una más amplia visión, cerramos las puertas a otras interpretaciones. Cuando a un pensamiento le otorgamos el título de \"verdad\" lo convertimos en una creencia. Y si observamos el pasado veremos como todas las creencias han acabado \"obsoletas\", para acabar siendo substituidas por otras.

Así pues el conjunto de pensamientos que nos acompaña en nuestro caminar nos define de alguna manera en el momento presente, ya que nos sitúa en una interpretación de la existencia personal, que implica todo un mundo de posibilidades y limitaciones para nosotros.

Según lo expuesto, nosotros como "Ser complejo" no somos nuestros pensamientos, éstos son sólo pequeñas partes, que de hecho ni siquiera nos pertenecen pues mayoritariamente son de origen externo. Ello no quita que son un "don" de gran poder que hemos recibido, pero que no conforma nuestra esencia.

A modo de ejemplo, observemos las diferentes visiones que podrían experimentar distintas personas ante la vista de un gran bosque. Veamos los posibles pensamientos que tienen y una aproximación breve a las emociones implicadas:

- ¡Qué gran belleza alberga!, los matices de verde son increíbles.

-- Deleite, plasticidad artística.

- ¡Toda esta madera vale una fortuna!

- Materialismo, avaricia.

- Qué gran riqueza biológica, desde aquí puedo distinguir más de 12 especies de árboles.

- Científico, valoración racional.

- Me dan miedo los bosques, fácilmente te puedes perder por aquí.

- Miedoso, el mundo es peligroso.

- Me encantaría vivir en un sitio así.

- Soñador, vive un mundo de proyección.

Ante el fenómeno bosque podemos encontrar infinitas y parciales visiones que se tiñen según nuestra manera de usar la mente. Excepto quizás la primera, ninguna de ellas aprecia y expresa la complejidad viviente y matices que un bosque transmite. De esta manera nuestra aproximación a la experiencia es muy limitada y parcial. Demasiado frecuentemente nos quedamos ahí.

No son una vivencia directa sino una interpretación que ha pasado por el filtro de nuestra razón. Vemos el bosque a través de lo que pensamos de él, no como experiencia directa fruto de una verdadera observación. Esto sería más como entrar en com-unión con el bosque fusionándonos con él. Nada que ver con la vida intelectualizada que nos polariza habitualmente y que se basa en precedentes o proyecciones, lejanos siempre del momento presente.

Veamos cómo podría ser una aproximación no racional a éste teniendo en cuenta que las palabras son muy limitadas para transmitir la complejidad de la posible percepción del momento:

"Desde la contemplación despierta y el silencio, sentimos la paz y quietud que emana su presencia. Una suave brisa recorre las vertientes agitando suavemente las ramas lo que las hace producir un sonido como de cascada, sentimos también en nosotros su suave caricia. Los trinos de pájaros enriquecen y llenan de vida la escena. Percibimos un aroma suavemente húmedo y aromático. La luz del sol provoca claroscuros que pronuncian el relieve de las frondosas copas. La vista se pierde en la distancia y sentimos como si nos expandiéramos para intentar abarcar tanta grandeza".

Esta aproximación vivencial está saturada de matices y vivencias del presente. La experiencia que nos produce es completamente diferente, por su riqueza y profundidad. De alguna manera nos estamos nutriendo mutuamente, observador y observado se unifican.

La aproximación racional compulsiva nos mantiene apartados de toda esa vivencia. Por eso fácilmente la persona polarizada en la racionalidad acabará pensando: "Estar en el bosque es un aburrimiento". No me extrañaría, porque escuchándose sólo a sí mismo ¡se lo está perdiendo todo!